El cartón lleva cincuenta años funcionando. Si te lo vendemos como si fuera malo, no nos vas a creer el resto.
No necesita batería, ni señal, ni que el cliente sepa escanear un QR. Un sello de tinta funciona el día que se cae el internet y el día que se cae tu proveedor.
Un golpe de sello tarda medio segundo. Nada digital va a ser más rápido que eso.
Mil cartones cuestan menos que un mes de cualquier software. Si tu margen es muy justo, esto importa.
La mitad de los cartones acaban en una chaqueta o en la basura. Cuando eso pasa, el cliente no empieza otro: deja el programa.
El cartón no sabe contar. No puede decirte que doce clientes habituales llevan dos meses sin aparecer, que es la única información que te permite hacer algo.
Con el cartón, el cliente que dejó de venir es inalcanzable. Con la tarjeta digital tienes un canal para escribirle, si él lo aceptó.
Quédate con el cartón si tu programa funciona, tu local es pequeño y no vas a mirar ningún número. Cambiar por cambiar no mejora nada.
Cámbiate si ya te preguntaste alguna vez cuántos clientes habituales tienes y no supiste responder.
Crear mi tarjeta gratis