El sistema más listo pierde contra el que se entiende en tres segundos.
Quien gasta el triple acumula el triple. Con sellos, un café y una comida valen lo mismo, y eso no siempre es justo.
Puedes poner catálogos de premios, niveles y promociones de puntos dobles sobre productos concretos.
En negocios donde el ticket varía mucho, los puntos describen mejor lo que aporta cada cliente.
Diez sellos, un café gratis. No hay conversión, ni equivalencias, ni «¿cuántos puntos me faltan?». Esa claridad es la mitad de por qué funciona.
Siete casillas llenas y tres vacías dicen más que «730 puntos». La tarjeta de sellos tiene forma, y la forma motiva.
Un escaneo. Nada que calcular, nada que teclear, nada que pueda salir mal cuando hay cola.
Usa puntos si tu ticket varía mucho entre clientes y tienes capacidad de explicar el sistema sin que se note.
Usa sellos si tu producto es parecido en precio y quieres que un cliente nuevo lo entienda sin que nadie se lo cuente.
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