Lo difícil de empezar no es la herramienta: es decidir cuántos sellos y qué regalas. Estas seis configuraciones son respuestas defendibles, con el porqué al lado para que puedas discrepar a propósito.
Con visitas casi diarias, diez sellos se completan en dos semanas. El sello de regalo al unirse hace que la tarjeta nunca se entregue vacía, y el premio del quinto sostiene el camino.
Pensada para cafeterías, panaderías, juguerías.
Café de todos los días
Tarjeta del club
A una visita cada quince días, ocho sellos son cuatro meses: largo. El postre al cuarto corta ese camino por la mitad y es lo que impide que la tarjeta se abandone.
Pensada para restaurantes, pizzerías.
Mesa que vuelve
Tarjeta del club
Seis citas mensuales son medio año de relación, que es justo lo que se puede pedir en un oficio de cita. Sin premio intermedio: aquí el valor de cada visita ya es alto y partirlo lo abarata.
Pensada para barberías, salones de belleza, centros de manicura, peluquerías caninas.
Cita del mes
Tarjeta del club
Cuando se viene cuatro veces al año, una tarjeta de diez sellos es ciencia ficción. Cinco con un sello de regalo deja la meta a cuatro visitas: un año, que ya es una promesa creíble.
Pensada para spas, estudios de tatuajes, floristerías.
Pocas visitas, ticket alto
Tarjeta del club
Pensada para el modo kiosko con tope de un sello al día. Ocho sellos y sin premio intermedio, porque cada interrupción cuesta: lo importante aquí es que sellar no frene la fila.
Pensada para heladerías, bares, tiendas de barrio.
Con cola en el mostrador
Tarjeta del club
Dos sellos de regalo y seis en total: la tarjeta nace a un tercio del camino. Es la configuración con más evidencia a favor cuando el problema del negocio no es atraer, sino sostener el hábito.
Pensada para gimnasios, lavaderos de autos.
Volver a la costumbre
Tarjeta del club
Todas se crean en un par de minutos y se ajustan a tu negocio. Lo único que conviene pensar bien antes es el número de sellos: una vez que hay clientes dentro, ya no se toca.
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