La pregunta no es cuál es más potente. Es cuánta gente llega hasta el final.
Una app instalada puede avisar cuando quieras, sin pedir permiso de correo ni depender de la wallet.
Pedidos, pagos, reservas, puntos y lo que se te ocurra, en un sitio que es tuyo de principio a fin.
Si consigues que la instalen y la usen, ganas un espacio en el teléfono que ningún enlace te da.
Entre escanear un QR y tener la tarjeta no hay tienda de aplicaciones, ni contraseña, ni 80 MB de descarga. Ahí es donde se cae la mayoría.
Una app propia son varios miles en desarrollo y un mantenimiento permanente en dos plataformas. Para un local, casi nunca sale la cuenta.
El pase de Apple o Google Wallet muestra aviso en la pantalla bloqueada cuando hay recompensa. Cubre el caso que de verdad importa.
Hazte una app si ya tienes miles de clientes recurrentes y la app va a hacer mucho más que fidelizar: pedidos, pagos, reservas.
Quédate con la tarjeta sin app si tu objetivo es que vuelvan más, y quieres que empiece a funcionar esta semana.
Crear mi tarjeta gratis